Para comenzar y
de manera categórica, debemos tener claro que el aborto no puede ser avalado bajo ningun motivo por alguien que asegure
llamarse cristiano. Actualmente, en Latinoamérica hay una gran batalla por la
legalización del mismo en casi todos los países bajo un modus operandi similar: primero, se implementan tres causales: (1) cuando existe peligro para la salud
física o mental de la mujer, (2)
cuando existe una grave malformación del feto que haga inviable su vida
extrauterina y (3) en caso de
violación, transferencia de óvulo fecundado o inseminación artificial no consentida.
El orden y los
términos pueden variar, pero las causales son las mismas en toda la región.
Posteriormente, se exige la despenalización total del mismo y el paso final es
ampliar las semanas en las que el feto puede ser asesinado, cuyo resultado es tema para otro artículo. Sin embargo, lo que sí podemos asegurar es que es igual o
más aberrante que el aborto mismo.
Es sumamente
triste ver cómo en esas luchas a favor de la despenalización del aborto nos
encontramos con grupos católicos y cristianos luciendo pañuelos verdes y
gritando “pro choice” al pretender
convercer que su interés es defender la elección de la mujer cuando lo que
realmente defienden es un asesinato.
Podemos
encontrar, por ejemplo, en algunos países un grupo de mujeres llamadas Red Latinoamericana y del Caribe de
Católicas por el Derecho a Decidir con presencia en varios países (CDD -
Colombia hace parte de la Red Latinoamericana y del Caribe de Católicas por el
Derecho a Decidir (Red CDD/LAC) compuesta por grupos de CDD en diferentes
países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, México,
Nicaragua, Paraguay, República Dominicana y Perú; además de España como miembro
asociado)[1].
Lastimosamente,
el mundo evangélico no se queda atrás. En Argentina, la “pastora” Gabriela
Guerrero en una entrevista publicada en Página 12, un medio digital de ese
país, aseguró que: “las pentecostales también abortan”[2]
La mal llamada
pastora también dice: Los abortos
clandestinos siguen siendo la principal causa de muerte de las personas
gestantes en la Argentina. Esta realidad nos toca de cerca, ya que la mayoría
de las comunidades pentecostales históricamente han hecho base en los sectores
más pobres y olvidados de nuestra sociedad. Creemos que la despenalización y
legalización del aborto tiene que ver con la ampliación de derechos y aportaría
al respeto y libertad de los cuerpos gestantes.
Más adelante, en
la entrevista también dijo: “Entonces
entendíamos que debía ser un mensaje claro, donde quedara expuesto que no todo
cristiano es conservador ni toda iglesia es antiderechos. Ahora, más que nunca,
debemos reforzar esos conceptos”.
Prestemos
atención a cómo el diario Página 12,
abiertamente militante a favor del aborto, describe a esta mujer : “disidente feminista comunitaria, marxista,
antiliberal, anticolonial y de una espiritualidad tan valiente como para
repetir que las pentecostales también
abortan en la semana de una nueva movilización que intenta apropiarse del
8A bajo la consigna Con aborto no te
voto”
Lo anterior debe
llevarnos a comprender lo infectada que está la iglesia de Cristo y cómo estas
iniciativas, que claramente van apalancadas en ideologías marxistas, (cosa que
expresó con claridad Página 12) se abren espacio al interior de la iglesia al
vender una moralidad superior. Recordemos lo dicho por la mal llamada pastora:
“no todo cristiano es conservador ni toda
iglesia es antiderechos”. Lo que esto quiere decir es que hay una maldad
intrínseca en ser conservador y que estar en contra del “asesinato” de neonatos
es ser antiderechos.
La “pastora”
Guerrero es un ejemplo mediático de lo que está sucediendo. No obstante,
¿cuántas personas más estarán militando para esta indigna causa usando
el nombre de la iglesia de Cristo con el único objetivo de que en la mente de
los incautos esta situación sea normalizada? Al llevar a cabo un sencillo
censo, podríamos darnos cuenta que muchos hermanos pueden estar en el punto de
avalar alguna de las causales para el aborto como legítimas. Ahora bien, aparte
de las argumentaciones seculares, que son abundantes, legales y hasta
suficientes para no pensar en el aborto como una opción desde ninguna
perspectiva, debemos pensar en lo que nos dice la Escritura al respecto.
Claramente, la
Escritura no trata el tema del aborto directamente, pero sí ilustra claramente
premisas fundamentales que demuestran la importancia de la vida a la imágen de
Dios. Por ejemplo, el Salmo 139:13: Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste
en el seno de mi madre. Esto da suma claridad. Por la Escritura, lo que hay
en el vientre de la madre es una persona y por ende, es sujeto de derechos y
aún más importante: refleja la imagen de Dios.
El llamado más
importante a la iglesia Cristiana evangélica es a ser cuidadosos con estos
temas y tener una posición clara al respecto. La legalización del aborto es un
asunto con intereses tan grandes y financiación tan variada que no nos
alcanzamos a imaginar. Por tanto, no es coincidencia que por todos los medios
se busque influir en el más grande e importante baluarte de occidente: el
Cristianismo.
